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01 Sep 2011

Tercera charla: la dirección espiritual

El Pbro. Kevin Lieberman centró su tercera charla del retiro mensual de la Comunidad de Ciudad del Este en el tema de la necesidad de la dirección espiritual.

 

Mc 4:3: No les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se los explicaba todo en privado.

San Elredo: hay del que está solo, porque si cae, no tiene quien le levante. Está solo quien no tiene un amigo. Alguien con quien hablarlo todo.

La amistad espiritual se extenderá a todos, cuando Dios sea todo en todos.

Todo el remedio del alma está en tratar con los amigos de Dios.

 

Nosotros tenemos vida comunitaria, una gracia de Dios. Tenemos amigos verdaderos que nos lleva a entablar una verdadera amistad con Dios.

El director espiritual tendría que ser un amigo, un amigo ante el cual no hay ninguna razón para temer. Uno debería poder llegar a tener una confianza total y abrirse totalmente.

El fin de la dirección espiritual es guiar a las almas a la perfección de la vida espiritual, la santidad. Gran parte de este trabajo consiste en el discernimiento de espíritu y la rectificación de las intenciones. El gran director espiritual es el Espíritu Santo. También hay que educar en las virtudes, humanas y cristianas.

Para que resulte, la dirección espiritual debería ser constante y periódica. Hay un entendimiento implícito por el cual nos comprometemos a abrirnos y a obedecer, mientras el director se compromete a guiarnos con seriedad y perseverancia. Los padres del desierto estaban seguros que la falta de confianza y apertura llevan a engaños espirituales: “interroga a tu padre, y te lo enseñará”. Es mucho más fácil dirigir a muchos, que a mí mismo.

Si tengo a alguien que pueda dirigirme, Dios no me regalará su gracia si desprecio ese medio y guía.

Juan Pablo II decía que si se habla con sinceridad las luchas interiores, se sale siempre adelante. No habrá problemas que logren apartarnos de Cristo. San Buenaventura dice que ni el mismo Papa puede eximirse de tener un director espiritual.

Hay que elegir bien al director espiritual, porque es una materia muy seria. Si bien no hay que demorar, tampoco hay que apresurarse. Se trata de alguien a quien vamos a confiarlo todo.

También es importante no buscar varios directores espirituales, sino uno solo. No hay cosa más perniciosa que pasar por muchas manos.

Cuatro cualidades que tiene que tener el dirigido:

  • Espíritu de fe. Hay muchas tentaciones, desconfianzas, rechazo de algún consejo. Se descubren defectos humanos en el director y eso puede ser una tentación para perder confianza.
  • Confianza, sencillez, sinceridad y discreción. Contar las cosas como son, sin fingimiento ni disimulación.
  • Obediencia. Garantiza la eficacia. Llega a resultados. No hay que hacer cosas sin que el director lo permita o autorice.
  • Secreto. Es un ambiente indispensable para poder vivir la dirección espiritual.

Es un hecho de experiencia que al tener que explicar a otro una situación, se nos aclara a nosotros mismos. Da claridad y perspectiva. Estamos demasiado cerca de nosotros mismos para vernos objetivamente. Cuatro ojos ven más que dos.

A veces lo que falta no es luz, sino fuerza. Y el director puede ayudarnos mucho en este sentido de responsabilidad y rendición de cuentas.

Lo que nos ejercita en la obediencia nos ejercita en la humildad.

Algunas cosas que no deben buscarse en la dirección: buscar consuelos humanos (no aguanto al director que no me hace sentir bien); aspirar a una devoción superficial (sólo queremos una charlita con café, que no vaya mucho más lejos). A veces llegamos a la entrevista sin saber qué decir ni qué contar.

Fundamentalmente, el director espiritual debe ser un amigo de Dios que me haga acercar a Él, a su luz y a su verdad.

Discernimiento de espíritu: el que va de pecado en pecado, es tentado con placeres fáciles, mientras que el buen espíritu les da remordimiento. A los que van mejorando, el mal espíritu remuerde, entristece, inquieta; el buen espíritu da ánimo, fuerzas, lágrimas.

Cuando uno está mal, no hay que cambiar propósitos ni tomar decisiones. No hay que hacer otra cosa que quedarse ahí, perseverar. No hay que querer escapar. El bueno espíritu nos mueve a la paciencia, la oración, la calma.

La gracia de Dios no es una cuestión de sentimientos.

Hay tres causas principales de la desolación: consecuencia del pecado y la tibieza; prueba de rectitud e intenciones (qué me mueve, qué busco); non nobis, Domine.

El que está en la consolación, que prepare su corazón para la tribulación. El que está en la tribulación, que espere con confianza la consolación.

El diablo es como una mujer, que no pone el rostro. Crea pantallas de humo. O es como un perro, que si uno se le opone, sale corriendo con la cola entre las piernas. El diablo siempre quiere trabajar en secreto. En las tinieblas y la oscuridad. Santa Teresita decía que cuando algo le decía de callar algo, estaba segura de que era Satanás. El diablo nos ataca en el punto más débil. Por eso es importante el examen de conciencia.

Qué hacer cuando uno toma decisiones importantes: dos modos: pro y contra (el modo racional, aclarando con la luz de la razón de lo que se trata); el juicio final ante Dios o qué le aconsejarías a alguien con un caso similar: qué sentirías por una u otra elección (por intuición o sentir).

En tiempos pasados, el hombre era más equilibrado y más dócil a la razón. Pero ahora nos cuesta mucho esta racionabilidad. Somos desequilibrados. Muy sentimentalistas. Este es el defecto mayor del hombre contemporáneo.

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